La bienal, suceso que etimológicamente se compromete cada dos años a empaparnos eclécticamente de lo mejor del diseño nacional, parece estar tomando el peso de cumplir su cuarta versión. La invitación es abierta, gratuita, no sólo convergen diseñadores y arquitectos ansiosos de mostrar sus trabajos y reconocer amistades entre los seleccionados, no.
El público se mezcla, entre familias que se sienten atraídas ante la oferta de un panorama sabatino sin costo, y los demás, me incluyo, que cámara en mano recorren los pasillos capturando el trabajo de los nuevos e incipientes diseñadores. La propuesta es sólida, uno encuentra desde diseño textil hasta de interacción avanzada, la historia del recorrido está bien narrada. Mobiliario, branding, digital, etc La oferta no se concentra en un lugar, la distribución de contenido se agradece, sobretodo cuando hay más gente. Los detalles que objetar, primero estas grandes estructuras, que reciben al usuario y le muestran el contenido.
Innecesarias, excesivamente voluminosas para cumplir con el objeto de señalar, y que dan la sensación que fueron construidas en una condición de ruina, inhabitable permanente y olvidada. Segundo, error básico. Cómo olvidar que la estación Mapocho tiene una orientación respecto al sol que después de las 1 de la tarde, los vidrios sobre los soportes hacen imposible visualizar el contenido de los expositores. Alguno de los diseñadores de la Bienal olvidó ir a clases el día que se conversó sobre, luz, soportes y brillo.
Pero no todo es oscuridad (o brillo enceguecedor), la oferta de proyectos interesantes es enorme, sobretodo en la parte de estudiantes. Por instantes uno olvida en que zona está, y eso habla muy bien de la educación del diseño en el país. Y quizás ese fenómeno se produce por que el ámbito académico tiene otras libertades, se arriesga en sus temáticas, y no mira con miedo el desarrollo de proyectos. De alguna manera se siente con la libertad de validarse frente al medio y no espera que el mercado reaccione. Por ahí pasa un poco la gran novedad de la bienal, mientras la muestra profesional se ensalza con el mobiliario en MDF ( con varias excepciones), branding, diseño de ambientes y decoración; La sección de estudiantes sorprende acercándose al diseño médico, de situaciones de catástrofe, diseño de interacción, etc. Tópicos que históricamente no han pertenecido al diseño pero que de la mano de la innovación y el riesgo, académicamente se validan y sorprenden.
En resumen; Lo impredible: La sección de estudiantes, hasta para un profesional, un lugar para aprender.
Los contras, primero ir temprano para evitarse el problema del sol poniente; segundo, llevar efectivo por que no hay cajero ni redcompra para comprar los recuerdos de la bienal ni tomarse un café.












